Esta es la historia de tu amiga, tu vecino, o la quizá tuya propia. Es una historia de falta de tiempo, de tiempo perdido, del paso del tiempo.

El protagonista de esta historia se ha acostumbrado a vivir en el futuro y a lamentarse del pasado. Crea infinitos y maravillosos proyectos que guarda para «más adelante», se arrepiente de pasos dados en el pasado y tiene el «si hubiera…» en sus pensamientos diarios.

Se ha olvidado de lo gratificante que es pasear por la naturaleza al atardecer, de la energía que aporta contemplar el amanecer tomando su infusión preferida o de lo reparadoras que son las conversaciones con sus amistades.

Y todo por un futuro al que dedica la mayor parte de sus pensamientos, porque en él ve la tranquilidad que tanto ansía, iluso.

¿Te va resonando esta historia? Pues aún puede ser más triste, porque el protagonista llega a no saber apreciar las cosas buenas que le pasan cada día y son más de las que le parecen. Una llamada inesperada de algún antiguo amigo, una cerveza fresquita tras un largo día, el olor a pan recién hecho caminando por la calle, las risas con sus compañeros por un chiste malo, un buenos días con amor…

No importa su cuenta bancaria, ni hasta donde alcanza su fama. Podrá ser el más rico del cementerio o el más famoso entre los muertos. Tal vez sea una persona corriente, como tú, y que piense que en algún momento tendrá un golpe de suerte y… ¿suerte? ¡Ja! A esa no la encuentras si no te lo curras día a día.

Pero no está todo perdido para el protagonista, porque lo conoces bien y estás ahí para ayudarle. Organiza una comida sorpresa en el campo, envíale un whatsapp con su canción preferida, sorpréndele con un buen libro. Sabes lo que le gusta, ¿a qué esperas?.

Y si el protagonista eres tú, como dice una buena amiga, ve a por ello, que hoy me muero y mañana me entierran. Así que frena, respira y vive el presente. Escucha música,baila, como si nadie te estuviera mirando, canta tan alto como te lo permita tu voz, disfruta del aroma sanador de la naturaleza, del roce de la brisa en tu rostro, date un capricho, uno pequeñito; llama a tu madre, a tu padre o a tu abuela y diles que les quieres. Planea a corto plazo y no te agobies con los problemas que el futuro pueda traerte, que esos ya vienen solos.

Esta es una historia de futuro, con la mente y los pies en el presente y gracias a la experiencia del pasado.

Si sabes que tú también morirás, ¿por qué no vives?